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sábado, 18 de marzo de 2017

El Misterio Estelar: Capitulo 3


       


                                     LAS DOS CARAS.



¿ Por qué a nosotros, porqueee?.
Claudia volvía a tener uno de sus recurrentes sueños, y se despertaba sobresaltada sin saber el motivo. Miro el reloj y vio que marcaba las 10 y 20 de la mañana. Salió de su habitación y al llegar a la cocina, vio a Daniel dialogando con su madre mientras tomaban un café. Daniel había sido el más madrugador de todos, incluso antes que la madre de Claudia despertara, él ya estaba repasando papeles de sus investigaciones por internet.
Poco después el que asomaba era Alejandro, que con cara de sueño, les dijo que no había dormido muy bien, ya que había tenido unos sueños muy extraños, que no tenían nada que ver con sus últimos sueños, y en este sentía la impresión de estar continuamente amenazado. Quizás pueda ser la sugestión de lo que Daniel le había contado el día anterior sobre la hermandad.
Después de haberse duchado todos, y haberse arreglado, bajaron  juntos a una cafetería cercana, para desayunar algo, ya qué no querían dar más que hacer a la madre de Claudia, cosa que a esta la causo un poco de enfado, pero aun así, finalmente la convencieron.
Pasaron un muy buen rato durante el desayuno, hablando un poco de muchos temas, y por extraño que pareciera, en ningún momento de la conversación, salió el tema de los sueños, ni del medallón. Poco después llego Carmen, que sería la taxista oficial del grupo. Tenían que ir rematando todos los detalles, ya que en breves horas, el avión de Daniel saldría rumbo a Nueva York.
 Lo primero que harían, sería ir a la estación de autobuses, para coger dos billetes de regreso a Valladolid. Ya con los billetes en su poder, la siguiente parada era la casa de Claudia, donde aparte de despedirse y agradecer su hospitalidad a su madre, recogerían sus pocas pertenencias, y saldrían ya dirección al aeropuerto.
Horas más tarde, Daniel se despedía por unos días de Claudia, Carmen y Alejandro, y tras facturar su maleta, se dispuso a embarcar en el avión que le llevaría de regreso a su casa. Minutos más tarde, los chicos comenzaron a alejarse del aeropuerto, en dirección a la estación de autobuses, donde en un par de horas, regresarían a Valladolid, con una única misión. Ponerse en contacto, con el arqueólogo José Luis Dalmaut.
Claudia y Alejandro, cada vez veían más cerca una solución a su problema, aunque tras la información de Daniel, acerca de la hermandad, una sensación de miedo se había apoderado un poco de ellos.

NUEVA YORK:
Jack hacia poco tiempo que se había levantado, y después de haberse dado una ducha, para despejarse, se disponía a prepararse un café largo de agua y unas tostadas. Esa mañana la dedicaría a recoger y limpiar un poco la casa, ya que Daniel antes de salir desde España, había telefoneado diciendo la hora aproximada de su llegada. Durante la conversación, Jack le dijo a Daniel, que a su llegada él lo estaría esperando allí.
Tras desayunar y recoger lo sucio, empezó a hacer un poco de limpieza en la casa, aunque pronto paro para hacer una llamada. Emily, novia de Jack, contestaba con tono muy serio. Llevaban un par de días bastante enojados, por lo que Jack intento ser cariñoso, cosa que no sirvió para nada, porque de una llamada para intentar un acercamiento, había surgido una nueva discusión.
Lo cierto es que de unos meses hasta ahora, esos altibajos solían ser bastante frecuentes en la pareja, motivo por el cual, o cedían los dos un poco, o esa relación estaba abocada al fracaso.
Emily, tenía muchos motivos para estar enfadada, ya que Jack llevaba un tiempo comportándose de forma muy extraña. El cambio de este era muy visible. Había pasado en días, de ser muy detallista, y estar siempre pendiente de la chica, a no darla apenas conversación, no tener ni un solo detalle con ella, incluso a llamarla por otro nombre, cosa que de especial manera, era lo que más había molestado a Emily.
Jack intento quedar con ella, con la idea de limar asperezas, pero la chica, debido al enorme enfado, prefirió no quedar con él, al menos hasta que las aguas bajaran tranquilas nuevamente.
Una vez colgado el teléfono, Jack conecto su ordenador, y se dispuso a mirar el correo. Pero no se trataba de su correo, sino del de Daniel. El profesor, tenía apuntada la contraseña de su correo, en un diario que guardaba en su habitación, por lo tanto Jack, tenía total acceso a la cuenta de él.
Una vez ya dentro de su cuenta, se dispuso a inspeccionar el correo de Daniel, buscando alguna novedad acerca del medallón.

MADRID:
Claudia y Alejandro, llegaban a la estación, acompañados de Carmen, y tras despedirse de ella y agradecerla todo lo que había hecho por ellos, se subieron al autocar que les llevaría de nuevo a sus hogares.
El viaje duro cerca de tres horas, en las cuales la pareja no dejo de hablar de Daniel, y lo corta que se les había hecho la estancia en casa de la madre de Claudia.
Una vez llegados a su destino, Alejandro, acompaño a Claudia a su casa, para después irse a la suya a intentar descansar un poco.
Claudia aprovecho para darse una ducha y cambiarse de ropa, mientras Alejandro, aparte de hacer lo mismo, aprovecho para mirar su correo que estaba lleno de mensajes. Tenía más de 20, casi todos de amigos que le mandaban cosas graciosas y el resto de publicidad. Transcurridas 2 horas, Claudia bajaba de su casa con puntualidad inglesa donde ya la esperaba Alejandro.
Decidieron ir a un cibercafé donde aparte de poder tomar algo, servían comida rápida, y aprovecharon para tomar unos refrescos y buscar alguna forma de contacto con José Luis Dalmaut.
Tras mirar en varias páginas, Claudia comentó que ella conocía alguna web, donde podrían buscar un teléfono de contacto. Comenzaron la búsqueda pero dio un resultado un poco inesperado, ya que había 35 personas con ese nombre.
Claudia saco una pequeña libreta y un bolígrafo, y comenzó a copiar todos los números de teléfono que allí aparecían. Después pidieron cambio a la camarera del local y se acercaron a una cabina, para empezar a llamar a todos los números, qué habían recopilado, con la intención de encontrar al arqueólogo.

NUEVA YORK:
Daniel acababa de aterrizar en el aeropuerto de Nueva York, y se dirigía a la zona de llegadas del aeropuerto. Tras recoger su pequeño equipaje, salió en dirección al parking.  Allí apoyado en el coche, y fumando un cigarro, le esperaba su compañero Jack, que como horas antes le había dicho, le esperaba para acompañarlo a casa.
Después de un abrazo y un cordial saludo, salieron del aeropuerto con dirección al piso que ambos compartían. Durante el transcurso del viaje, no dejaron de cambiar impresiones, sobre la estancia de Daniel en España, con un Jack muy interesado en todo lo que escuchaba.
Tras llegar a casa, Jack le pregunto a Daniel, que a que se había debido este cambio de planes, y su inminente regreso a España, cosa que le había sorprendido mucho,  a lo que el profesor le dijo que cuando se duchara y pudiera descansar un poco, le contaría todo con pelos y señales.
Lo primero que hizo el profesor al llegar a casa, fue irse a la ducha, y tras unos minutos bajo la ducha, y tras secarse, se dirigió a su habitación a descansar.
Tantas emociones fuertes, habían conseguido, que en cuanto se metió en la cama, se quedara profundamente dormido. Mientras el profesor dormía, Jack no paraba de pasear, de arriba abajo, por toda la casa, de forma intranquila, debido a la demora de noticias. Necesitaba saber que había pasado, porque el cambio de planes de Daniel, junto a la conversación telefónica, creaba muchas dudas en Jack. Aparte el hecho de no haber encontrado nada en su correo, hacía que en Jack, creciera una ansiedad poco común en él. Se acercó a la cocina, saco una cerveza, la cual se tomó de golpe, y decidió salir a la galería, para fumarse un cigarrillo con la intención de tranquilizarse un poco.
El nerviosismo de Jack, era debido a las investigaciones de Daniel. Aparte de compartir piso, y tener muy buena amistad con él, Jack llevaba años controlando y vigilando, todos los estudios que Daniel realizaba, ya que temía, que estos le condujeran a alguna pista, que pudiera dar con el paradero de un gran secreto, que durante siglos, había sido escondido, por muchísima gente, y que de ser descubierto, y caer en malas manos, podría significar el fin de la vida, que a día de hoy se conoce.
                        
VALLADOLID:
Tras un montón de llamadas, no habían localizado a Dalmaut, y el pesimismo se empezaba a apoderar de Claudia y de Alejandro. Quedaban tan solo cinco números, de todos los que habían apuntado en el ciber.
Uno de los intentos tuvo contestación, pero no el resultado esperado, ya que no conocían a ningún arqueólogo. Así que ya solo quedaban cuatro intentos, aunque los chicos decidieron dejarlo para más tarde, debido a que ya no eran horas para estar llamando a más gente.
Decidieron ir a un bar a tomar algo y seguir charlando. Claudia y Alejandro se habían vuelto inseparables. Solo se separaban, cuando se marchaban a sus casas a dormir, aunque lo cierto es que sabían muy poco uno del otro.
La conversación en el bar, estaba siendo muy amena, ya que estaban hablando de sus vidas, dejando a un lado, momentáneamente, su problema. El tiempo se les paso muy rápido, y de no ser por las caras de enfado de los camareros, y los movimientos de luces del local, no se hubieran dado cuenta de que el bar estaba ya cerrando. Una vez ya en la calle, Alejandro acompaño a Claudia a su casa. Durante el transcurso del camino, el agradeció su apoyo y su ayuda a Claudia, a lo que ella contesto, que las gracias se las debería de dar ella a él. Tras llegar allí y despedirse de ella, espero a que Claudia entrara a su portal, y se dirigió a su casa.

NUEVA YORK:        
Jack continuaba impaciente, a la espera de que Daniel, despertara y le contara cual había sido el descubrimiento realizado en España. Incluso había estado tentado a despertarlo, pero prefirió no hacerlo y así dejarlo descansar. Aparte no quería levantar sospechas que pudieran delatarle.
El teléfono de Daniel, comenzó a sonar y le saco de su descanso. Jack escucho que el profesor, cogía el teléfono y comenzaba a hablar con alguien. Se alegró porque por fin Daniel había despertado.
Cuando Jack escucho que Daniel terminaba la llamada, toco la puerta de su habitación, y tras darle los buenos días, le comento si quería que le preparara algo de almuerzo, cosa que a Daniel le pareció un ofrecimiento estupendo.
Daniel fue a darse una ducha, mientras Jack comenzaba a preparar unos huevos revueltos, y unos filetes. Tras ducharse y cambiarse de ropa, Daniel se dirigió a la cocina, donde Jack le esperaba ya con un rico tentempié.
Durante el tiempo que estuvieron comiendo, hablaron de todo lo que había pasado en España, y de las nuevas personas que había conocido. Jack le intentaba sacar más, y aunque empezaba de nuevo a impacientarse, se mostraba tranquilo y relajado. Poco a poco la conversación se iba acercando al descubrimiento del collar de Alejandro.
Daniel le empezó el descubrimiento del collar, y los sueños idénticos de Claudia y Alejandro. También le dijo que estaban buscando a un arqueólogo, que había dirigido varias expediciones en Abydos, y donde en una de esas expediciones, habían encontrado una cámara con unas pinturas casi idénticas al collar de Alejandro.
Tras almorzar, Daniel le comento a Jack que necesitaba encontrar el lugar donde se hallaban unos diarios, de esas excavaciones. Lo único qué Daniel sabia es que esos diarios, se encontraban en Nueva York pero desconocía el paradero. Jack en todo momento se ofreció encantado para ayudarle a todo lo que necesitara, así aprovechaba y podía seguir todos los pasos en la investigación de Daniel.
Una hora después, Daniel se dispuso a salir a la calle para hacer unos pequeños recados, a lo que Jack aprovecho, para entrar en su habitación, y sacar su pequeña caja, que siempre guardaba en secreto.
Marco el número de teléfono que tenía apuntado en un pequeño papel, y tras tres tonos, una voz grave le contesto. Jack, tras darse a conocer dijo a su interlocutor:
“Maestre, el quinto símbolo ha sido localizado. Se quien conoce su ubicación. Me gustaría tener su permiso para vigilarle”.
El maestre, tras unos segundos de silencio, le dijo a Jack que tenía permiso para vigilar a Daniel, y que estarían en contacto, para irle dando órdenes nuevas. Una vez finalizada la corta conversación, Jack, volvió a guardar su pequeña caja, y se dirigió a la calle con la intención de seguir los pasos de Daniel.
En un barrio céntrico, no muy lejos de allí, el Maestre, reflexionaba sobre las palabras que acababa de escuchar. El Maestre O’Donell, era el jefe espiritual, de una secta milenaria, encargada de custodiar y preservar un secreto, que de salir a la luz, podría cambiar los destinos de la humanidad. Este grupo, o secta, se la podía denominar Fantasma, ya que aunque siempre se escuchó hablar de ella, nunca nadie había podido confirmar su existencia. Pero lo cierto era que “La Hermandad de los siervos de Amon Ra” era muy real.

BARCELONA:
Había amanecido en casa de una persona, que sin él sábelo, se iba a convertir en una de las piezas claves de un misterio mítico.
Esta persona, tenía cincuenta años, el pelo totalmente blanco, y gracias a una asistenta, la casa siempre recogida e impecable. Vivía solo, y en su habitación, los muebles y armarios, estaban llenos de recortes de prensa de distintas partes del mundo, una gran cantidad de fotos suyas, y un montón de informes.
 Llevaba unos meses sin ir a ningún sitio, y sin trabajar en nada, aunque ese detalle nunca le preocupaba debido a que descendía de una de las familias más influyentes de la cuidad, y aunque no tuviera mucho trato con ellos, poseía parte de una jugosa herencia, por lo que el dinero nunca le faltaba.
Después de haber desayunado, se dirigió al cuarto de baño, y comenzó a llenar la pila de agua caliente, con la intención de afeitar sus barbas de una semana. Empezó a echarse gel en la cara y una vez expandida esta, al coger la cuchilla para comenzar el afeitado, el teléfono comenzó a sonar. Hizo el amago de ir a contestar, aunque prefirió seguir con su afeitado, y ya después ver quien lo había llamado.
Tras el afeitado, se encendió un cigarrillo y se acercó al teléfono para ver quien le había llamado. Miro el número, y al ver que este no era conocido, dio a la tecla de borrar y se acercó al salón, donde se sentó en su sillón, encendió la televisión, y se dispuso a ver algo mínimamente interesante, aunque a esas horas, poco interés había en la televisión.
Estuvo un rato haciendo  zapping, ya que ninguno de los canales de televisión que iba visionando, le llamaban la atención. Finalmente llego a un canal de documentales, que estaba ofreciendo la vida de las Ballenas, y ante la falta de contenidos interesantes, se acomodó para verlo.
No habían pasado ni diez minutos, y ante la lentitud del documental, el sueño, aunque hiciera poco que se había despertado, comenzaba a hacer mella en el. Estaba casi dormido, cuando de pronto, el teléfono comenzaba nuevamente a sonar. Se levantó del sillón, y se acerco hasta el para ver quien llamaba, y vio que el numero era el mismo que había llamado cuando este se estaba afeitando.
Descolgó el teléfono, y tras preguntar quién era, una voz masculina le preguntaba si ese era el domicilio de Don José Luis Dalmaut. Este dijo que si, y que era el mismo, a lo que la persona que llamaba, volvió a preguntar si era el famoso Arqueólogo.
Dalmaut sonrió, y dijo que con Arqueólogo, era más que suficiente, y así mismo, pregunto que con quien tenía el gusto de hablar.
La persona que llamaba, se presentó como un gran amante de la civilización Egipcia, con un gran problema que esperaba que el, pudiera ayudar dando un poco de claridad. Dalmaut, extrañado, le dijo que no creía que le pudiera ser de utilidad, ya que el solo era un simple arqueólogo, pero aun así, si le dijera de qué se trataba el problema, lo mismo le podría asesorar, y ayudar en lo que estuviera en su mano.
El Arqueólogo, comenzó a escuchar las palabras que salían de su teléfono, y su rostro iba cambiando por momentos, ya que esta persona, le estaba diciendo que poseía un extraño collar, idéntico a unos dibujos, de una extraña cámara, que años atrás había descubierto.
Después de contarle todo, Dalmaut le pregunto, si no sería mejor que se pusiera en contacto con alguien, que le pudiera ayudar, a lo que este hombre le comento, que ya lo habían hecho y que contaban con la ayuda de un profesor de Nueva York, llamado Daniel Mullrray. Dalmaut, se llevó una gran sorpresa, a la vez que alegría, ya que sabía mucho acerca de los estudios, y las teorías de Daniel, motivo por el que le tenía mucho respeto. No lo conocía en persona, pero sabía mucho sobre él. Después de una larga conversación, se despidieron, con la promesa de Dalmaut, de estar en contacto, y saber cómo va el progreso de sus investigaciones.
Tras colgar el teléfono, Dalmaut, con una extraña sonrisa se dirigió a su habitación, y tras coger una carpeta, fue al teléfono y marco un número que tenía apuntado en la carpeta. Esa llamada, era una conferencia a un barrio de Londres. Al contestar desde el otro lado, Dalmaut dijo: “Robert amigo, prepárate por que comienza la acción”.

VALLADOLID: 
Alejandro colgó el teléfono, y con una emoción contenida, llamo a Claudia, para contarla que había conseguido localizar a Jose Luis Dalmaut, y que este había accedido a estar en contacto con ellos, y ayudar en lo poco que pudiera. También ya de paso, aprovecho para quedar con ella y comenzar a intentar descifrar el misterio del collar.
Después de hablar con Claudia, quiso llamar a Daniel, pero se dio cuenta de la diferencia horaria, y decidió esperar un tiempo más  para no molestar, ya que seguramente estaría durmiendo.
Alejandro aprovecho la mañana para realizar unas gestiones pendientes, y para visitar a su madre. Tras acabar las tareas, y estar un buen rato visitando a su madre, se dirigió a un centro comercial cercano, donde había quedado con Claudia. Eran ya las dos de la tarde, por lo que una vez que se encontraron allí, decidieron acercarse a un local de comida rápida y comer algo allí.
Estaban empezando a comer sus hamburguesas, cuando el móvil de Alejandro empezó a sonar. El número que aparecía en pantalla era de Barcelona, y Alejandro al contestar, se llevó una agradable sorpresa. Se trataba de Dalmaut, que tras haber estado meditando, todo lo que Alejandro le había contado, había decidido formar parte de esa aventura que pintaba tan emocionante.
Además así podría conocerles en persona, y poder dialogar y cambiar impresiones con su admirado Daniel.
Esa noticia, alegro de manera muy grande, los ánimos de Claudia y Alejandro, motivo por el cual los chicos se abrazaron de forma muy efusiva. Ya no podían esperar más y tras terminar su comida, se dirigieron a uno de los teléfonos públicos del centro y telefonearon a Daniel, para contarle las novedades, y la inminente llegada en dos días del Arqueólogo.
Una vez marcado el número de teléfono, Daniel contestaba con gran alegría, y comenzaron a contarle todas las novedades. Tras un rato de conversación, una vez finalizada, Claudia y Alejandro, salieron del centro comercial, y se fueron a casa de este, a seguir buscando por internet.

NUEVA YORK :
Daniel, nada más colgar el teléfono, se dispuso a preparar unas maletas con ropa y efectos personales, con la intención de salir cuanto antes con destino a España, y encontrarse con sus compañeros de aventuras. Jack al verlo, le pregunto qué pasaba, y tras contarle todo, Jack le pidió permiso para acompañarle. Daniel quedo sorprendido, porque no le cuadraba mucho la petición, más que nada debido al trabajo de Jack, a lo que este le comento que hacia quince días que lo habían despedido. Daniel entonces, le dijo que no había problema, y así se distraía un poco y cambiaba de aires.
Comenzaron a buscar por internet, vuelos a Madrid, y tuvieron suerte, ya que encontraron plazas libres en uno que volaría en dos días. Daniel entonces aprovecho para bajar a una tienda cercana con la intención de comprar algunas cosas que le pudieran hacer falta.
Jack, en el momento que se quedó solo, cogió el teléfono y llamo a su trabajo, para decirles que un familiar suyo había tenido un accidente bastante grave, y que tenía que salir inmediatamente del país. Su encargado le dijo que solo disponía de cinco días, por lo que Jack le dijo que estaría más tiempo fuera y que si decidían despedirlo lo entendería.
A continuación, hizo una nueva llamada, esta vez al Maestre, para contarle estas últimas novedades. El Maestre le ordeno, que siguiera todos los pasos de Daniel, y le tuviera vigilado en todo momento, así como al resto del grupo. Sus órdenes fueron que se convirtiera en la sombra de todos, y pactaron un horario para pasar información una vez a la semana.
Una vez concluida la conversación, el Maestre se quedó durante unos instantes en silencio y totalmente pensativo. Confiaba mucho en Jack, aunque el hecho de saber que entre las personas de ese grupo se encontraba Dalmaut, le preocupaba bastante. Dalmaut conocía todos los secretos y leyendas de Abydos, así como su territorio, y por mucho que Jack intentara torpedear esa expedición, no era seguro el resultado que se podía conseguir.
El Maestre entonces, cogió nuevamente el teléfono, y tras marcar el prefijo de El Cairo, continuando marcando los dígitos del número de teléfono. Ese número, pertenecía a dos sicarios de la Hermandad, a los que se les iba a encomendar la tarea de seguir los pasos de Jack, por si este no lograba su cometido, y de ser esto así, realizar ellos dicho cometido.
Zahi Sawhan y Mahu Aiumm, sonrieron tras la llamada del Maestre, ya que llevaban bastante tiempo sin pasar a la acción. Estos dos sicarios, eran conocidos en la hermandad, por su gran sumisión y lealtad a la causa. Aunque algunos altos cargos habían mostrado su disconformidad, debido a la excesiva violencia, con la estos a veces actuaban. Aunque siempre habían sido excusados y defendidos por el Maestre. La misión que se les había encomendado, no parecía fácil, aunque si veían que las cosas se torcían, no dudarían en volver a utilizar la violencia si hiciera falta.
Mientras tanto no muy lejos del hogar del Maestre, Jack comenzaba a preparar su maleta, aunque faltaran dos días para su marcha, pero no quería andar con prisas. Cogió de nuevo el teléfono, y llamo a Emily, para contarle su viaje inmediato y así despedirse de ella, hasta la vuelta. La noticia no hizo más que empeorar aún más las cosas, hasta tal extremo que la propia chica, se negó a quedar con él para despedirse. La tristeza al colgar el teléfono, se apodero de Jack, porque aunque el amor que sentía por Emily era muy fuerte, la misión encomendada por la hermandad, era más prioritario para él.

VALLADOLID:
Habían pasado dos días ya desde la última conversación con Daniel y Dalmaut. Amanecía en la cuidad, y Alejandro se disponía a ir a buscar a Claudia, a su domicilio, ya que era el día en el que los nuevos compañeros, se unirían a ellos.
Lo primero que harían seria ir a buscar a Dalmaut al aeropuerto, ya que tenía prevista su llegada a las once de la mañana. Le acompañarían a un hotel donde había reservado una habitación, ya que aunque Alejandro se había ofrecido a acomodarle en su casa, este lo había desechado para poder estar más tranquilo.
 La llegada de Daniel y Jack, no se produciría hasta la tarde noche, por lo que estarían todo el tiempo con el Arqueólogo, hasta la llegada de todos.
Al llegar a casa de Claudia, los dos se dirigieron al aeropuerto. Una vez allí se acercaron a la zona de llegadas, miraron en los paneles informativos, por si el avión de Barcelona, venía con retraso, ya que no había nadie más allí esperando. Claudia y Alejandro, quedaron muy sorprendidos, ya que según los paneles, hasta las ocho de la tarde, no había prevista ninguna llegada procedente de la ciudad Condal. Se acercaron al punto de información para preguntar, y les dijeron lo mismo que habían visto en los paneles.
Alejandro y Claudia se quedaron apenados, ya que no era lo que esperaban, pero aun así decidieron regresar por la tare, por si habían entendido mal a Dalmaut. Decidieron salir de allí y regresar a la ciudad, cuando de pronto, una voz les hizo girarse, debido a que los estaban llamando por su nombre.
Se trataba del arqueólogo, el cual se había imaginado que eran ellos, debido más que nada a que no había nadie más allí esperando. Dalmaut una vez saludado a los chicos, les comento que había venido en un avión privado, motivo por el que no salía en los paneles informativos.
Tomaron algo en la cafetería, y tras una agradable conversación, los tres se dirigieron en dirección al hotel donde tenía una habitación reservada. El trayecto transcurrió de forma muy agradable, ya que ninguno dejaba de hablar. Una vez llegados al hotel, vieron aparcado allí un coche grande. Cuando bajaron del coche de Alejandro, de ese coche grande salieron dos hombres trajeados, y tras saludar a Dalmaut, comenzaron a sacar maletas y cajas grandes, para llevarlas a la habitación del arqueólogo.
Claudia miraba a Alejandro con cara de no entender nada, y este a ella con la misma cara. Dalmaut se dio cuenta y tras echarse a reír, les comento que solo eran unas cuantas cosillas para comenzar de inmediato las investigaciones. Una vez llegados todos a la habitación, los dos hombres comenzaron a desembalar el contenido de las cajas. Se trataba de tres ordenadores de última generación, y un receptor de señales satélite.
Una vez todo colocado y funcionando, Dalmaut les empezó a enseñar fotos de Abydos, así como información guardada de allí. El Arqueólogo, aparte de no tener ningún tipo de problema económico, era una persona a la que la gustaba acumular el máximo posible de información, acerca de sus decisiones.
Claudia entonces vio una carpeta que la llamo la atención. Estaba catalogada como “Proyecto Medallón”. Pregunto por esa carpeta y Dalmaut la dijo: “Aquí guardo información sobre Daniel Mullrray, y también los mensajes que Alejandro y tu habías escrito en el foro donde os conocisteis”.

viernes, 17 de febrero de 2017

El Misterio Estelar : Capitulo 2


SEGUNDO CONTACTO.


Alejandro por su parte, pensaba prácticamente lo mismo, y aunque en su sueño, el no veía a nadie más, era como que conociera a Claudia de toda la vida.
Los dos pidieron algo de beber, y se sentaron en una mesa del local. Allí estuvieron mucho tiempo, contándose cosas de sus vidas. Ambos se sentían muy cómodos, y no paraban de hablar y hablar.
Habrían pasado ya unos 50 minutos, cuando de repente, Claudia observo que Alejandro llevaba un collar, el cual apenas podía distinguir.
Le pregunto si lo podía ver, a lo que Alejandro asintió sin ningún problema.
Fue entonces, y justo cuando ella toco el collar, que un fogonazo salto en su mente, y como si se tratara de su sueño, vio que la forma del collar era idéntica a uno de los símbolos tallados en el sarcófago.
Alejandro enseguida se dio cuenta de que algo pasaba, ya que vio como Claudia después de quedarse totalmente pálida, soltó el collar con miedo.
Alejandro, asustado, pregunto rápido si todo iba bien, a lo que Claudia, tartamudeando le conto lo que pasaba.
Ahora el que se había quedado pálido era Alejandro, ya que empezaba a entender menos aún, de ese misterio que minuto a minuto se estaba haciendo más grande entre ellos.
Una vez repuestos de esta nueva situación, los dos decidieron marcharse del local.
Alejandro se ofreció a llevar a Claudia a su casa, a lo que esta acepto gustosamente.
Era una noche con mucha niebla, por lo que Alejandro no fue muy deprisa, ya que no quería correr riesgos innecesarios.
Una vez en el punto de destino, los dos se despidieron con semblante serio.
Claudia esa noche, apenas pudo pegar ojo, mientras por su parte, Alejandro, se pasó varias horas delante del ordenador, buscando cualquier pista o referencia, que intentara explicar el significado de dicho collar.
Entro en muchas webs, foros, páginas especializadas, pero nada. Ni una sola referencia, ni nada parecido a la extraña forma de su collar.
Aunque lo cierto es que algo extraño ocurrió con dos enlaces, que mostraban lo más parecido al collar, y al pinchar para abrirlos, estos mostraban error, no dejando acceder a Alejandro a su contenido.
 Eran ya las 5 de la madrugada, cuando Alejandro, sin poder mantener ya los ojos abiertos, decidió apagar el pc y marcharse a dormir.
El teléfono comenzaba a sonar, y Alejandro sobresaltado lo cogió.
Se trataba de Claudia, que atropelladamente le intentaba contar lo que había descubierto.
A todo esto, ya eran las 11 de la mañana, aunque al chico le pareciera que se acababa de meter a la cama.
Quedaron una hora más tarde en el portal de Claudia.
Alejandro se apresuro a darse una ducha rápida y tomar un poco de café con un pequeño bollo.
A las 12 en punto, Alejandro llegaba a casa de Claudia, donde ella ya estaba esperando.
Se subió al coche, y después de dar los buenos días a Alejandro, le indico que podrían ir a un bar a tomar algo y así poder hablar tranquilos.
Una vez puestos en marcha, ambos empezaron a hablar de diversos temas distintos a las nuevas pistas que habían encontrado la noche anterior. Era como si quisieran tener ese tema prohibido.
Llegaron a una cafetería donde Alejandro solía ir mucho, y después de saludar a los camareros, pidieron un café y una infusión de té.
Mientras tomaban sus consumiciones, Claudia saco de su bolso una pequeña carpeta llena de papeles, con toda clase de información sobre el antiguo Egipto, y algunas sobre interpretación de los sueños.
Pero la que más le llamo la atención a Alejandro, fue una fotocopia con un nombre subrayado en verde fosforito.
Se trataba de la información sobre una charla que se iba a producir en breves días en Madrid, a cargo de un profesor universitario de Nueva York llamado “Daniel Mullray” la cual iba a tratar del antiguo Egipto, y de las variadas creencias de cómo se construyeron las Pirámides.
También se hablaría del día a día de los antiguos faraones, así como su vida y la de sus gobernantes, incluyendo los secretos que muchos de ellos guardaban.
Después Claudia le enseño otras fotocopias, con la bibliografía de Daniel, en la que se leía que aparte de Egipto, era una persona muy interesada en la interpretación de los sueños, asi como simbología de todos los lugares del planeta.
Alejandro se quedó un poco fuera de lugar, ya que no entendía por que podría ser importante ese profesor respecto a las dudas de ambos, sobre el sueño que les tenía en vilo y no dudo en comentárselo a la chica.
Ella tras mirarlo y sonreír, saco otra fotocopia más con la portada de uno de sus libros.
Un libro escrito en 2001 y de nombre “El secreto de Amón Ra”. Un libro que trata de explicar lo que hay de cierto y no en una antigua leyenda, la cual colocaría en un valle de Egipto una entrada hacia un mundo paralelo.
Alejandro seguía con cara de no entender nada, hasta que Claudia saco un último papel. Un papel con la portada de este libro.
Ante sus ojos se presentaba una portada con un extraño sarcófago, con un símbolo en el centro, idéntico al collar que el llevaba.
Ambos coincidieron en lo mismo, tenían que conseguir hablar con el profesor, ya que quizás él podría darles alguna mínima explicación acerca de las preguntas que les rondaban tras sus increíbles sueños, por lo tanto, debían de ir a esa charla sí o sí.
Lo primero que tenían que hacer era conseguir un par de entradas para el evento, y una vez echo, buscar dos asientos en algún autocar que salga ese día en dirección a Madrid.
Pasaron 15 días, y los dos chicos, aparte de seguir buscando a diario información acerca del tema, habían conseguido dos entradas para la charla, y tenían ya dos billetes de autocar que los llevaría a Madrid. Los dos estaban convencidos de que  cada vez, estaban más cerca de poder descubrir algo nuevo o bien de sus sueños, o bien de su extraño collar.
Los dos jóvenes, cada vez estaban más compenetrados, y su amistad crecía día a día tan fuerte, como las ganas de descubrir más.
La noche anterior a su viaje, ambos apenas pudieron pegar ojo, pero no por sus sueños, ni los comederos de cabeza que se traían, sino porque los nervios se habían apoderado de ellos. Y es que la idea de no encontrar respuestas, les aterraba, aunque también les tenía un poco atemorizados el encontrarlas.
Por una parte deseaban saber más acerca de sus sueños, e intentar encontrar una mínima explicación, pero por otra parte el temor a que este tema les pudiera conducir a algún mal presagio, era algo que les asustaba mucho.
Lo cierto era que sinceramente, no tenían nada que perder, tan solo los billetes de autocar, y las entradas de la conferencia, por ir a intentar buscar respuestas. Incluso sabían perfectamente, que el profesor quizás no pudiera darles ninguna respuesta.
Por fin sonaba el despertador, y tras una noche prácticamente de insomnio, Alejandro salía de su casa en busca de su compañera Claudia. Una vez llegado al portal de la chica, que tardo unos minutos en bajar, Claudia apareció con una amplia sonrisa, y tras dar un beso en la mejilla de Alejandro, le dijo sonriendo que no la mirara mal, ya que era una costumbre que el chico siempre debía esperar a la chica. Ambos comenzaron a reír y Claudia lo agarró del brazo y los dos comenzaron a andar en dirección a la estación de autobuses.
Diez minutos después de haber llegado a la estación, montaban en el autocar que les llevaría a Madrid. En poco más de tres horas estarían allí, y con suerte, empezaría un nuevo viaje, pero esta vez hacia lo desconocido y lo misterioso.

MADRID (España):
Daniel, se encontraba ya, en el lugar donde iba a dar la conferencia, revisando todo lo que en sus papeles amontonados, tenía escrito. Era la primera vez que daba una conferencia, fuera de su país de origen, y era un nuevo reto para él, presentar sus trabajos y suposiciones a un público distinto al que estaba acostumbrado.
Había sido invitado, por la fundación de un conocido Banco español, que estaba ofreciendo unas jornadas de charlas, debates y conferencias, dedicadas al Antiguo Egipto.
Daniel se planteaba, el exponer todas sus opiniones y creencias, ya que en su país, nunca solían terminar bien, y muchas veces se había quedado solo, al abandonar todos los asistentes la charla.
Lo cierto era que el director de la fundación, le había comentado, acerca del tema de la charla, que lo expusiese a su manera, y que fuera el mismo, sin dejarse influenciar por nada ni por nadie.
Una vez colocados todos sus papeles, por orden de numeración, Daniel se dirigió hacia una máquina de café, que había en la entrada del salón, y saco un café solo largo de agua. En la sala estaba ya todo preparado, ordenador encendido, pantalla de proyección encendida, micrófono funcionando y su atril en medio del escenario. Solo faltaba ya, que el público asistente comenzara a entrar, y se fueran acomodando para que el profesor pudiera exponer su trabajo.
Mientras tanto, en la calle, una cola considerable, se empezaba a ver a los ojos de la gente que iba paseando por la calle. Para ser una conferencia de un desconocido, lo cierto era que se habían vendido muchas entradas.
En esa cola, impacientes y para no variar  muy nerviosos, se encontraban Claudia y Alejandro, los cuales, llevaban más de una hora allí de espera. Una vez que habían llegado a Madrid, habían decidido, para no tener ningún problema, coger un taxi que les llevara al mismo lugar de la conferencia. Allí, mientras esperaban para entrar, los dos comentaban cosillas sobre la gente que esperaba, y sobre lo arreglados que iban algunos de los asistentes.
En ningún momento hablaron de lo que pasaría en la charla, y si podrían tener algunas palabras con el profesor, ya que en ningún momento se habían puesto en contacto con nadie que les pudiera proporcionar unos minutos con el profesor. Al menos esperaban que no fuera uno de esos que se les sube la fama a la cabeza, y que no son capaces de dirigirte la palabra, y que incluso les tienes que rogar para que te firmen un autógrafo.
La cola empezaba a moverse, ya que por fin las puertas se habían abierto, y todo el público comenzaba a entrar al salón.
Una vez dentro del salón de conferencias, se apresuraron en intentar colocarse lo más cerca del escenario, para poder prestar la mayor atención posible a lo que Daniel iba a exponer. Pudieron colocarse en la tercera fila, por lo que seguro que la atención a la charla estaba garantizada.
De pronto un señor apareció en el escenario, indicando a todos los asistentes, el motivo de la conferencia, y tras una breve presentación, dio paso al profesor universitario de historia antigua, por la universidad de Nueva York, Daniel Mullray.
Una música, anunciaba la salida de Daniel al escenario. Música enigmática y muy relajante.
Un hombre, de apariencia joven, con gafas, buena presencia y pelo corto, se acercaba al atril, y con un español perfecto, daba la bienvenida a todos los asistentes.
La charla comenzaba con el día a día de las primeras dinastías faraónicas, así como la biografía de alguno de sus más conocidos gobernantes.
Llevaba más de una hora de conferencia, y todo estaba saliendo a pedir de boca, ya que la gente estaba muy animada con todo lo que el profesor estaba exponiendo. Una vez terminada su locución de las Dinastías y sus gobernantes, llegaba el momento de exponer su teoría acerca de las construcciones de las Pirámides y sus creadores.
En cuanto empezó a narrar su tesis, las caras de la gente comenzaron a cambiar, unas a sorpresa y otras a enfado. Daba a entender que las pirámides, fueron construidas hace más de 6000 años, y no por extraterrestres ni nada de eso, sino por una civilización muy inteligente que disponía de muchas cosas que en nuestros días aun no teníamos. Una civilización que tras un gran cataclismo fue exterminada de la tierra empezando de nuevo la vida desde cero. Pero esa era solo una de las teorías, ya que también pensaba que dicha civilización en vez de ser aniquilada pudo haber cruzado hacia una realidad alternativa, viviendo ahora mismo en el mismo planeta pero de otra dimensión.
Alejandro y Claudia, veían con gran sorpresa, como la gente comenzaba a levantarse de sus asientos, tomando a Daniel por un loco, un pobre profesor chiflado que había visto mucha ciencia ficción en internet.
En cuestión de minutos, tan solo quedaron seis personas en el salón, aunque con cautela, cuatro de ellas comenzaron a salir de allí con semblante triste apiadándose del pobre profesor. Daniel comenzó a recoger sus hojas, apagar el micro, desenchufar el proyector, y al echar un ojo a la sala, se sorprendió porque aún quedaban dos personas.
El amablemente les pidió disculpas y les comento que la charla había terminado. Pero no les importaba que hubiera terminado la charla, es más había sido una excelente casualidad el hecho de poder estar a solas con él. Daniel en un principio quedo un poco sorprendido, aunque rápido les dijo que si querían saber algo.
Los chicos, comenzaron a contar a Daniel sus miedos, sueños y temores, a lo que el profesor atendía con mucho interés. Todo era muy extraño, parecía sacado de una película de ciencia ficción, cosa que a Daniel le encantaba porque eran suposiciones locas igual que las de él.
Aunque Daniel dudaba mucho de que pudiera ser de ayuda a los dos jóvenes debido a que no entendía que tenía que ver el en semejante sueño. Lo más que podía era asesorarles y darles su opinión.
Claudia entonces le dijo que había algo más, y pidió a Alejandro que le enseñara el collar. Daniel quedo paralizado al ver el collar. No podía dar crédito a lo que estos jóvenes desconocidos le estaban enseñando. Ante sus ojos tenía el objeto que había hipotecado muchos años de su vida. El profesor lo cogió en sus manos, y sus ojos parecían salirse de las orbitas.
Ahora sí que Claudia y Alejandro estaban más que sorprendidos. Parecía como que el profesor hubiese visto un tesoro. Lo movía una y otra vez, girándolo, cambiándolo de dirección. Un niño pequeño con un juguete nuevo no podría disfrutar más de lo que estaba haciendo el profesor con el collar.
Tras unos minutos de examinar  el collar, de pronto la cara del profesor cambio por completo, cosa que no pasó desapercibida por Alejandro y Claudia.
Mullrray les dijo que su cambio de cara se debía a que, si en vedad era lo que él pensaba, ese collar era muy importante, y muy codiciado, ya que de ser el original, habría mucha gente dispuesta a todo con tal de hacerse con él. Una pieza que tras su inocente apariencia de collar, podría ser la llave a un mundo distinto al que conocemos.
El profesor, les empezó a contar una leyenda que hablaba sobre las 5 llaves de Amón Ra, de las cuales solo una había quedado intacta, ya que las otras 4 fueron destruidas, por una especie de secta, encargada de guardar un gran secreto, denominada “La Hermandad de Amón Ra”. Se cuenta que esta secta, o hermandad es milenaria, y que tras destruir las 4 llaves, uno de los altos cargos, quiso quedarse con una, por su ambición, y tras años de persecución, finalmente fue capturado, torturado, y finalmente asesinado. Pero nunca se supo del paradero de esta última llave, por lo que la hermandad, lleva siglos buscándola.
Por eso, de ser cierto este supuesto hallazgo, podían estar en serio peligro. Había que actuar con mucha discreción, e intentar que no se supiera nada.
Daniel, quedo unos minutos reflexionando, caminando de un sitio a otro sin articular palabra y con el semblante serio, de pronto miro a los chicos y les dijo.
“Debo salir cuanto antes a mi País, para preparar algo de ropa, recoger ciertas cosas que nos pueden hacer falta, y en cuanto pueda volver aquí, porque si estáis dispuestos a encontrar respuestas, yo me subo a esta aventura, y podéis contar conmigo para todo. Es más me acabáis de hacer el mejor regalo posible”.
Claudia y Alejandro sonrieron felices, habían conseguido más de lo que esperaban. Claudia se apresuró a llamar a una amiga suya, llamada Carmen para que viniera a buscarles, y tras acceder esta chica, llamo a su madre para decirla que estaba en Madrid y que si podía hospedar unos días a dos amigos suyos en la casa. La madre también acepto de gran gusto, ya que conocía perfectamente a su hija, y sabía que algún motivo grande tendría para ello.
La amiga de Claudia, no tardó mucho en llegar a recogerlos, y tras las presentaciones, todos se montaron en el coche de Carmen, con dirección a casa de la madre de Claudia. Una vez allí, la madre de Claudia, se mostró muy familiar, con los dos desconocidos que acompañaban a su hija, y les hospedo de manera muy grata.
Por la noche y después de cenar, siguieron buscando información, aparte de intentar conseguir un vuelo a Nueva York lo antes posible. Daniel acompañado de Alejandro, aprovecho para bajar hasta una cabina cercana al domicilio donde estaban hospedados, con la intención de llamar a su compañero de piso, Jack para contarle sus novedades, y su fugaz regreso a su país.
Mientras, Claudia, encontraba una nueva pista. Un grabado en una pared de unas excavaciones en Abydos, a cargo de un famoso y adinerado Egiptólogo. La foto, que se encontraba en internet, no era muy clara, pero ella juraría que distinguía 5 símbolos iguales al collar de Alejandro.
Al poco tiempo regresaron Daniel y Alejandro, y nada más llegar, Claudia les conto las novedades. Daniel y Alejandro también examinaron la foto, y llegaron a la misma conclusión. Eran los mismos símbolos que el collar.
La cosa no podía ir mejor, ya que aparte de las novedades, Alejandro encontraba una plaza libre para un vuelo a Nueva York al día siguiente. Ahora el siguiente paso era buscar a ese Egiptólogo, contarle por encima todo y a ser posible convencerle al menos, para poderse entrevistar con él. El día había sido largo, pero el siguiente no sería para menos, así que todos decidieron irse a descansar, con la intención de al menos poder dormir algo más que los últimos días.

NUEVA YORK:
Habían pasado varias horas, desde la llamada inesperada de Daniel, y Jack cada minuto que pasaba se encontraba más nervioso. Las palabras de Daniel desde España, era lo último que este hubiera querido escuchar. Caminaba por la casa, de un lado a otro con semblante serio. Por fin, y tras varias horas de pensarlo, entro en su habitación, y saco una pequeña caja de un cajón de su mesilla. Allí un papel arrugado con un número, que Jack nunca pensó en tenerlo que utilizar.
Tras marcar el número, y después de varios tonos, una voz grave contestaba desde el otro lado. Jack tembloroso, trago saliva y le dijo a su interlocutor.
“Maestre, el medallón sagrado perdido, ha sido encontrado”